Encuentro JC2033 de América del Norte: caminando juntos hacia la unidad

Reunidos en el centro «Val de Paix», en Rawdon, cristianos de diversas tradiciones eclesiales respondieron a la invitación de JC2033 para reflexionar juntos sobre la unidad de la Iglesia ante la proximidad del bimilenario de la resurrección de Cristo. A través de conferencias, talleres, momentos de oración e intercambios fraternos, los participantes exploraron los fundamentos bíblicos, espirituales y misioneros de la unidad cristiana. Los ponentes subrayaron que esta unidad no es ni un proyecto humano ni una simple cooperación entre Iglesias, sino una respuesta a la oración de Cristo y una obra del Espíritu Santo en la que colaboran los cristianos. Estas jornadas ofrecieron así un espacio de encuentro y de escucha para caminar juntos hacia el año 2033.

La belleza y el reto de la unidad: una complementariedad al servicio del Reino

En nombre de la Comunidad del Chemin Neuf, Yves Patrick Augustin, su responsable, dio la bienvenida a los participantes recordando que la unidad se encuentra en el corazón de la vocación cristiana. Recurriendo a la imagen de una familia cuyos hijos aman a sus padres pero permanecen divididos entre sí, mostró hasta qué punto las separaciones hieren el corazón de Dios. La unidad no es, por tanto, solo una cuestión institucional, afecta directamente al testimonio del Evangelio. «En un mundo marcado por las divisiones, los discípulos de Cristo están llamados a convertirse en artífices de la reconciliación. Esta vocación exige humildad y apertura a la acción del Espíritu Santo», afirmó. 

 El pastor pentecostal Laurent Gerber, coordinador de JC2033-Quebec, presentó la unidad a partir de la imagen de un equipo deportivo en el que cada miembro aporta un talento particular al servicio de un objetivo común. Según él, JC2033 se basa en la convicción de que cada Iglesia tiene una contribución única al designio de Dios. Las diferencias de cultura, tradición o espiritualidad no son obstáculos, sino riquezas que hay que acoger: «Esta actitud permite construir una unidad basada en el amor, el respeto mutuo y el reconocimiento de la acción de Dios en la vida de cada uno».
 

La unidad, un camino exigente

Olivier Fleury, director de JC2033 International, reconoció que la búsqueda de la unidad puede conllevar malentendidos y resistencias. La comparó con un camino exigente en el que las críticas pueden surgir desde diferentes direcciones. Mencionó una experiencia vivida en Londres que le llevó a descubrir la riqueza espiritual de la Iglesia católica. Este encuentro transformó su perspectiva y reforzó su compromiso ecuménico. Su convicción es que «las divergencias nunca deben hacernos olvidar lo esencial: Cristo muerto y resucitado. Todos los creyentes viven de la misma gracia y están llamados a manifestar esa gracia en sus relaciones mutuas y fraternas».

Monseñor Louis Corriveau, obispo de la diócesis de Joliette, propuso una meditación sobre el relato de Emaús como modelo de unidad cristiana. Destacó que los discípulos están en camino, imagen de una unidad siempre en devenir. Su camino a dos recuerda que el Evangelio se transmite a través de la relación y el testimonio compartido. Jesús comienza por escuchar su dolor antes de explicarles las Escrituras, mostrando así la importancia del diálogo respetuoso. 

Compartir la Palabra permite profundizar en el conocimiento mutuo: «cuando los creyentes de diferentes Iglesias abren juntos las Escrituras, a menudo descubren una nueva alegría y una comprensión más rica del mensaje evangélico». Por último, el partimiento del pan y el regreso a Jerusalén ponen de manifiesto que el encuentro con el Resucitado conduce siempre a una comunión más amplia.
 

Los dos pilares de la unidad: el amor y la verdad

En su intervención, el pastor Martin Hoegger, de la Iglesia Evangélica Reformada de Suiza, señaló que la unidad cristiana se basa en dos dimensiones inseparables: el amor y la verdad. Partiendo del texto de Juan 17, recordó que Jesús ora para que todos sean uno a imagen de la comunión entre el Padre y el Hijo. Esta unidad no es una uniformidad, sino una relación basada en el amor recíproco. También está arraigada en la verdad de la Palabra de Dios, que santifica a los creyentes y los prepara para su misión. 

Cuando las dos dimensiones del amor y la verdad permanecen unidas, la Iglesia puede ofrecer al mundo un testimonio creíble del Evangelio. «En el camino hacia 2033 —concluye—, estamos invitados a profundizar en esta doble fidelidad. Al mirar juntos hacia Cristo crucificado y resucitado, descubrimos que él sigue derribando, aún hoy, los muros que nos separan».
 

La unidad en Cristo resucitado: justicia, unidad y paz, tres realidades inseparables

El metropolitano ortodoxo Cirilo desarrolló una reflexión centrada en Cristo resucitado. Recordó que el corazón de la fe cristiana es el anuncio de que Jesús, muerto en la cruz, vive para siempre. En el relato evangélico, los discípulos reconocen al Señor al partir el pan. Esta experiencia pone de manifiesto que la unidad hunde sus raíces en el encuentro con el Resucitado. 

El metropolitano distinguió entre la unión fraternal, ya visible en la colaboración entre cristianos, y la unidad plena. «La unidad, en su concepción ortodoxa, remite a una comunión más completa, arraigada en una misma fe y expresada en el compartir el mismo cáliz. La Eucaristía se presenta así, como el signo y el cumplimiento de la unidad cristiana».

Peter Noteboom, secretario general del Consejo de Iglesias de Canadá, abordó la relación entre la unidad cristiana y la justicia social. Según él, la unidad no puede ser auténtica si permanece indiferente ante el sufrimiento humano. Fundada en la dignidad de toda persona creada a imagen de Dios, la justicia tiene por objeto restablecer relaciones justas entre los individuos, las comunidades y la creación. 

Insistió en la importancia de la solidaridad con los más vulnerables. «La unidad se hace visible cuando los creyentes trabajan juntos para apoyar a los pobres, acoger a los migrantes, promover la reconciliación y construir una sociedad más justa», afirma. De estos compromisos nace la paz verdadera.
 

La unidad en pocas palabras

En la mesa redonda final, se invitó a cada ponente a expresar la unidad en pocas palabras: unidad en la diversidad, camino común iluminado por las Escrituras, responsabilidad compartida o comunión en la verdad de Cristo. Todos subrayaron que la resurrección sigue siendo la fuente de la esperanza cristiana y el fundamento del testimonio común. Los participantes recordaron que la unidad no es un objetivo lejano, sino una vocación que hay que vivir desde hoy mismo. El encuentro concluyó con una oración, con la invitación a mantener a Cristo en el centro de todo nuestro proceder. Es en Él donde se pueden superar las divisiones y donde el camino hacia 2033 cobra todo su sentido.
 

Martin Hoegger